El Papa Francisco bendijo la Sagrada Familia en Barcelona y cuestionó a quienes promueven la guerra, afirmando que no se puede creer en Jesús y al mismo tiempo impulsar conflictos.
En sintonía con su predecesor, defendió a los migrantes y señaló la contradicción de profesar la fe cristiana mientras se ignora el sufrimiento ajeno. El pontífice se dirigió a miles de fieles, incluyendo a los reyes de España, Felipe VI.