El informe se centró en Orania, una comunidad exclusiva para blancos en Sudáfrica, fundada en 1991 tras el fin del apartheid.
Los residentes, descendientes de colonos holandeses y alemanes, buscan la autosuficiencia y sueñan con fundar una futura república afrikáner. La comunidad cuenta con su propia bandera, moneda y atrae a jóvenes interesados en preservar su cultura, que consideran amenazada en el resto del país.
A pesar de que Sudáfrica se define como una "nación arcoíris" impulsada por Nelson Mandela, Orania busca aislarse y mantener su identidad. El crecimiento de la comunidad se atribuye al miedo a la delincuencia, al colapso del Estado sudafricano y a un discurso identitario conservador, similar a movimientos de extrema derecha en otros países.
Este fenómeno exacerba las divisiones y contrasta con el espíritu de reconciliación promovido por Mandela.