Irán ha demostrado una notable resistencia ante los ataques de Estados Unidos y el Estado de Israel, considerados potencias militares avanzadas.
La capacidad de Irán para soportar el conflicto durante tres meses se interpreta como una victoria en sí misma, mostrando su fortaleza ante la adversidad.
La guerra, que se preveía corta, se ha convertido en una guerra de desgaste, con implicaciones significativas para la estabilidad regional.