Se reflexiona sobre la maldad inherente a ciertos individuos y cómo esta se manifiesta en actos como el femicidio. Se argumenta que, si bien es importante analizar las circunstancias de la víctima, el foco principal debe estar en el perpetrador. Se cuestiona la idea de que la demonización de los hombres sea la causa de la violencia, sugiriendo que existen personas intrínsecamente malvadas.
Se retoma la discusión sobre la querella en la causa de Agostina, señalando que la familia del padre es la única que está aportando pruebas. Se menciona que algunos consideran estas pruebas inconducentes y un intento de desviar la investigación, mientras que otros señalan la influencia política en la causa.