El secretario de defensa británico renunció a su cargo tras un fuerte desacuerdo con el primer ministro, Keir Starmer, sobre el recorte de recursos destinados al gasto militar. En su carta de renuncia, criticó la falta de disposición del Tesoro para otorgar los fondos necesarios frente a las crecientes amenazas globales.
El funcionario señaló que este retraso presupuestario ha generado descontento en la industria de defensa, en un contexto de volatilidad geopolítica. La dimisión evidencia las tensiones internas sobre la priorización de la seguridad nacional y la inversión militar.