El segmento continuó la prédica abordando el dardo de la blasfemia, definido como hablar, pensar o hacer algo contra la naturaleza o la obra de Dios, con el fin de reprocharle algo.
Se advirtió que Satanás puede incendiar el corazón con pensamientos groseros que se traducen en palabras obscenas contra Dios, llevando a cuestionamientos como "¿Por qué Dios permite esto en mi vida?". Se comparó esta situación con el caso de Job y su esposa, y con los israelitas en el libro de Malaquías, quienes cuestionaron el servicio a Dios.
Se instó a no albergar pensamientos impuros contra el Señor, a no burlarse de él ni en la mente, y a aceptar solo las cosas buenas que provienen de Dios, recordando su fidelidad y misericordia.