Se cuestiona la credibilidad de Adorni y su rol como vocero del gobierno, contrastando su discurso de transparencia con las acusaciones de ocultamiento y mentiras.
Se critica la actitud de Adorni hacia el periodismo, recordando casos donde se burló de colegas como Gallardo, y se sugiere que debería pedir disculpas públicas.
Se menciona la falta de apoyo orgánico a Adorni en redes sociales, con una abrumadora mayoría de menciones negativas.