Se presenta el testimonio de un niño autista que, tras años sin hablar, comenzó a hacerlo a los 7 años. Sus padres oraban constantemente, y un día, al ir a la escuela, el niño empezó a hablar con normalidad.
A los 9 años ya hablaba fluidamente, y a los 12 se bautizó. Se resalta que no hay casos imposibles para Dios y se compara con la dedicación de un padre que busca la curación de su hijo, instando a perseverar en la fe y en la oración para recibir las bendiciones de Jesús.