Las refinerías ubicadas en el Estrecho de Hormuz son el centro de las preocupaciones por su cercanía a zonas residenciales, lo que genera graves problemas respiratorios en la población. Estas instalaciones, clave para la producción de combustibles, son numerosas y difíciles de proteger.
Se han producido fugas de líquidos inflamables en tuberías, provocando explosiones y densas columnas de humo en la capital, resultado de los bombardeos.