Se relata el caso del triple crimen de Florencio Varela, donde se determinó la posición de la víctima y la mecánica del ataque a través del análisis de patrones semáticos en la escena.
Se detalla cómo las proyecciones de sangre en paredes y techo permitieron reconstruir el hecho, indicando que la víctima estaba boca arriba mientras uno de los agresores la golpeaba con una piedra.
Se menciona el concepto de "escena amañada" y la importancia de la limpieza posterior para intentar borrar evidencias, pero se señala que las luces forenses pueden revelar rastros ocultos.