Se enfatiza que para recibir las bendiciones de Dios, es esencial mantener una vida ordenada y una correcta relación con Él. Traer ofrendas o realizar servicios sin estar bien con el Señor puede resultar en que estas no sean recibidas ni bendecidas.
Se advierte que el dinero u otros recursos contribuidos a la iglesia pueden ser útiles, pero no traerán bendición personal si la relación con Dios no es la adecuada. Se reitera la importancia de no perderse ninguna bendición divina a través de una vida de sumisión a Dios.