Miguel, padre de Melisa, afirma que su hija se encuentra un poco mejor pero aún vive en una "realidad paralela", sin asumir completamente lo sucedido. Descarta rotundamente la posibilidad de una imputación hacia ella, asegurando que su celular fue entregado voluntariamente a la policía para análisis.
A pesar de la investigación en curso, Miguel se muestra tranquilo y confía en que no habrá imputaciones. Rechaza la idea de un "ajuste de cuentas" y sugiere que un "enfermo" manipuló a su nieta. Afirma que su familia es humilde y trabajadora, y que Melisa no le debe nada a nadie.