A horas del inicio del Mundial, la tensión en México se centra no solo en el fútbol, sino también en un severo conflicto docente. Los maestros llevan a cabo un paro profundo y anuncian marchas, afectando la rutina diaria y generando cortes de calles.
La crisis educativa se agrava por promesas incumplidas de aumento salarial y mejoras laborales. A pesar de la efervescencia mundialista, el descontento social se hace presente, eclipsando parcialmente el fervor deportivo.
El tráfico en Ciudad de México, ya caótico, se ve exacerbado por los paros y las protestas, complicando la movilidad. La situación contrasta con la expectativa generada por el Mundial, que se desarrollará en un contexto de dificultades sociales y económicas para el país.