El Mundial 2026 arranca con un panorama complejo y lleno de tensiones. La situación en México, con protestas del sindicato docente y un fuerte despliegue de seguridad, se suma a las complicaciones de Estados Unidos, que deportó a un árbitro somalí y donde el presidente Trump no asistirá al partido inaugural por la situación con Irán.
La FIFA, a través de Gianni Infantino, intenta mantener una imagen de calma, pero la realidad sobre el terreno es de "chili pepper", no "chill". La militarización en México y las medidas de seguridad extremas en el aeropuerto evidencian la gravedad de los preparativos.
El evento deportivo, que debería ser un punto de unión global, comienza con conflictos sociales, tensiones geopolíticas y problemas de seguridad, generando dudas sobre su desarrollo y el mensaje que transmitirá al mundo.