El Mundial 2026 en México arranca con un panorama complicado, marcado por fuertes tensiones sociales y la persistente influencia del narcotráfico. La seguridad se ha convertido en una preocupación central, con un despliegue militarizado en las inmediaciones del Estadio Azteca y el aeropuerto.
Las protestas del sindicato de maestros (CNT) han generado bloqueos y manifestaciones, afectando la movilidad y creando un clima de incertidumbre. La pregunta es cómo las autoridades mexicanas manejarán esta situación, especialmente cuando el país está en el centro de la atención mundial.
La combinación de conflictos sociales y la sombra del narcotráfico plantean un desafío significativo para la organización del evento, poniendo en duda la capacidad de México para garantizar la seguridad y el normal desarrollo del torneo.