La fe actúa como un galardón y una satisfacción tras cada victoria obtenida al superar desafíos. La fe aprobada en la prueba otorga gloria y honor a Jesucristo, y se compara con las medallas que reciben los soldados por actos de valentía.
La fe nos sostiene y es la convicción de lo que no se ve. En la Segunda Carta a los Corintios, se compara a los creyentes con frágiles vasijas de barro que contienen un tesoro, de modo que el poder del mensaje provenga de Dios y no de ellos.
A pesar de las dificultades, no hay que desanimarse ni darse por vencidos. El poder del mensaje de la buena noticia viene de Dios y no de la fragilidad humana.