Estados Unidos lanzó ataques en autodefensa contra objetivos en Irán, como represalia por el derribo de un helicóptero Apache en el estrecho de Hormuz. El presidente Donald Trump dirigió la ofensiva.
El Pentágono calificó la misión como una respuesta proporcional y justificada a la agresión iraní. Estos bombardeos marcan un giro en la política estadounidense hacia Irán, a pesar de la moderación inicial del mandatario.
Trump calificó los ataques como "muy fuertes y muy poderosos", confirmando la respuesta directa al derribo del helicóptero. El alcance exacto de los bombardeos se mantiene en secreto.