Se subraya que Dios no acepta cualquier ofrenda, sino "lo mejor de lo primero", como en el caso de Abel, quien ofreció las primeras crías de su ganado, a diferencia de Caín, que ofrendó cuando quiso y con lo que le sobró.
Para que una ofrenda sea aceptada por Dios, no solo debe ser material, sino que debe incluir la vida y el corazón de la persona que la entrega. Si la vida no está en correcta relación con el Señor, la ofrenda, el servicio o la oración no serán recibidos ni aprobados.