El debate se intensifica sobre la aplicación de la perspectiva de género en casos como el de Agostina, con acusaciones mutuas de "totalitarismo".
Una de las posturas defiende la necesidad de la perspectiva de género como una herramienta fundamental para analizar las causas de violencia contra las mujeres, argumentando que no es una "teoría más" sino una cuestión de empatía y justicia social ante la alarmante cifra de femicidios.
La otra postura critica la rigidez de esta visión, sugiriendo que puede volverse "totalitaria" al no permitir otras explicaciones o enfoques, y cuestiona la idea de que solo las mujeres pueden luchar por esta causa.