Se critica duramente a la FIFA por otorgar la sede del Mundial a países como México, Estados Unidos y Canadá, a los que califica de "anti-fútbol" y sin historia en el deporte.
Se cuestiona la falta de "clima" futbolístico en estas sedes y se pone en duda la relevancia de la comunidad canadiense en el ámbito futbolístico.
Se argumenta que la FIFA prioriza el factor económico sobre el mérito deportivo al elegir las sedes, lo que genera un "papelón" y permite que países sin tradición futbolística organicen el evento.
Se menciona la preocupación por posibles represalias debido a la falta de respeto hacia religiones o figuras importantes, en un contexto de tensiones globales.