Se enfatiza la importancia de estar conectado a la "trifásica del cielo" (Padre, Hijo y Espíritu Santo) para experimentar una "luz permanente" y una vida de bendición.
Se advierte contra tener una conexión intermitente con Dios ("luz a media"), lo que puede llevar a apagones, maldiciones y falta de frutos en los esfuerzos diarios.
Estar conectado a la trifásica del cielo asegura una buena intensidad de luz, resistencia contra el pecado y las tinieblas, y la capacidad de vivir una vida plena y productiva en todos los aspectos.