Se narra el caso de Francisca Rojas, donde la ciencia y la investigación policial se entrelazaron para resolver un crimen. Inicialmente, Francisca confesó bajo presión policial, pero la intervención del comisario Eduardo Álvarez, quien descubrió el cuchillo y la huella dactilar en la puerta, fue crucial.
A pesar de la resistencia de los policías locales, Álvarez envió las pruebas a La Plata, donde se confirmó la efectividad de la huella digital. Este caso se destaca como el primero en resolverse gracias a esta tecnología, marcando un hito en el periodismo de investigación y la ciencia forense en Argentina.