Se critica la tendencia del pueblo de Dios a buscar ayuda en Egipto, a pesar de haber sido esclavos allí y de que Egipto adorara ídolos. Se advierte que buscar apoyo en lo mundano o en lo que no es Dios es inútil y peligroso.
Se enfatiza que Dios es fiel a su palabra y que sus promesas y advertencias son certeras. Se compara la confianza en la carne (hombres, caballos, ejércitos) con la confianza en Dios, señalando que la primera es vana y conduce al fracaso, mientras que la segunda otorga protección y victoria.