Alan Ferraro describe el barrio Edén de la Sierra, donde reside Luciana, como una zona semi-rural en construcción, con terrenos difíciles de acceso y sin luminarias, lo que dificulta la búsqueda y aumenta la sensación de vulnerabilidad.
Se señala que el transporte público no ingresa al barrio, lo que implicaría que Luciana tendría que caminar kilómetros para llegar a su casa si hubiera tomado un colectivo.
La falta de servicios básicos como el asfalto y la iluminación, junto con la presencia de cámaras de seguridad en algunas viviendas, conforman un panorama complejo para la investigación.