María Luján expresa sus emociones encontradas al vender las joyas heredadas de su madrina, pero reconoce la necesidad de hacerlo para financiar un proyecto personal: un curso de dos meses y medio en Barcelona para su crecimiento profesional como psicóloga e instructora de mindfulness. Planea extender su estadía para recorrer la zona, aprovechando que tiene alojamiento cubierto con familiares.
Yamila, la tasadora, le informa sobre las cotizaciones separadas para los anillos y la malla del reloj, y para los aros debido a que la piedra de estos últimos es onix y no una gema preciosa. María Luján, que nunca antes había vendido sus joyas, admite que el valor sentimental dificulta la decisión, pero entiende la necesidad de sopesar ambas cosas.