El autor relata un episodio escalofriante sobre la cabeza de Juan Duarte, hermano de Eva Perón. Tras su muerte, un funcionario del departamento de policía, con el objetivo de denigrar al peronismo, exhibió la cabeza de Duarte en su despacho, provocando desmayos en actrices de la época como Fanny Navarro y Lina Colomer.
Este acto de profanación, realizado sin orden judicial, se suma al misterio sobre si Duarte se suicidó o fue asesinado, con versiones contradictorias según la filiación política.
Se compara esta situación con el robo del cadáver de Evita y las manos de Perón, objetos que también fueron objeto de profanación y que se incluyen en el libro como parte de la historia de crímenes del poder.