El debate sobre la inteligencia artificial (IA) se profundizó al abordar los riesgos para la salud mental y el posible impacto en diversas profesiones. Se expresó preocupación por el uso de la IA como sustituto de la terapia psicológica, lo que podría llevar a las personas a adentrarse en temas profundos sin la guía adecuada.
También se planteó la idea de que muchas profesiones podrían desaparecer o transformarse debido al avance de la IA. Se mencionaron ejemplos como los locutores y diseñadores gráficos, cuyas tareas podrían ser replicadas por la tecnología.
Sin embargo, se destacó que hay trabajos que la IA nunca podrá reemplazar, como los oficios que requieren mano de obra directa, como carpinteros y electricistas. Se hizo hincapié en la importancia de la capacidad humana de sentir y expresar emociones, algo que la IA no puede replicar.