Un análisis de la geopolítica energética revela una nueva división global, no entre comunismo y capitalismo, sino entre la superpotencia petrolera (Estados Unidos) y la superpotencia eléctrica (China).
Mientras EE.UU. se alía con Rusia y países del Golfo para mantener la hegemonía de los combustibles fósiles, China lidera la expansión de las energías renovables. La decisión de qué países apostarán por la energía eléctrica determinará qué potencia ganará esta nueva Guerra Fría.
Las potencias intermedias enfrentan una disyuntiva compleja: mantener la dependencia del sistema petrolero con presiones de EE.UU. o apostar por la energía eléctrica con China, lo que también implica riesgos geopolíticos. La dependencia de Pekín podría ser utilizada para otros propósitos.
Se evoca el movimiento de los países no alineados en la Primera Guerra Fría como un posible modelo para las potencias intermedias actuales, buscando reducir la dependencia de ambas superpotencias. Se mencionan ejemplos como la Unión Europea, India, Brasil, Nigeria, Sudáfrica e Indonesia como actores clave en esta posible alianza.
A pesar de la creciente interconexión económica a través de acuerdos comerciales, la cuestión energética sigue siendo un punto crítico. Países como Brasil y Australia ya están dando pasos hacia las energías renovables, y se ha celebrado una conferencia internacional para la transición energética sin la participación de EE.UU. y China.