En Imperdibles, Mirta Romay comparte su profunda conexión con el tango, describiéndolo como un "sentimiento triste que se baila". Relata cómo el tango se convirtió en un espacio para procesar momentos difíciles, como la enfermedad de su padre.
Describe el tango como un vínculo social con un componente deportivo, donde la anticipación del movimiento del hombre por parte de la mujer es clave. Menciona que conoció a su actual marido en una milonga.
Mirta revela una anécdota familiar crucial: un tango al que su padre le puso letra le salvó la vida cuando era bebé, ya que su estado de salud alertó a su padre mientras trabajaba en la composición.