Mirta Romay comparte anécdotas sobre su infancia y la relación con su padre, Alejandro Romay. Confiesa que de niña jugaba con él, dejando a su madre de lado, y que desarrollaron una relación de mucha complicidad.
Destaca la importancia de mantener una relación filial y de amistad con su padre, a pesar de las circunstancias y la diferencia de edad, disfrutando de momentos divertidos juntos.