Se cuestionó el miedo del gobierno a la movilización popular, preguntando si temen que rompan el Congreso, a pesar de que no hubo destrozos durante la despedida del Indio Solari.
Se sugirió que la decisión de no permitir el homenaje en el Congreso fue ideológica y por costumbre, y que Martín Menem, como presidente de la Cámara, tuvo un rol en esto.
Se mencionó que el público del Indio Solari se movilizaba habitualmente en "misas ricoteras" y que la despedida fue un hecho político que el gobierno no supo manejar.