Se explican las maldiciones impuestas a la serpiente, la mujer y el hombre tras el pecado original, incluyendo la promesa de la simiente de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente.
Se detalla la maldición sobre la tierra, que en lugar de dar frutos, produciría cardos y espinos, y la maldición sobre el hombre, que trabajaría con sudor y esfuerzo para obtener su sustento.
Se compara la opresión actual con la esclavitud egipcia, señalando que el trabajo que genera sufrimiento y estrés no es bendecido, sino una forma de maldición.