Se enfatiza que la comunión con el Señor a través de la oración es la clave para el liderazgo efectivo, un ministerio saludable y una vida de unción y poder.
Se cita a Juan Wesley, quien afirmó que solo predicadores que anhelen a Dios por sobre todas las cosas podrán sacudir las puertas del infierno y establecer el reino de los cielos.
Se recalca que Dios no actúa si no es en respuesta a la oración, y que las actividades de la iglesia deben centrarse en buscar a Dios para atraer su presencia y lograr crecimiento y alcance evangelístico.