Se explora cómo la fe evoluciona tras enfrentar tormentas, permitiendo al creyente calmar las dificultades futuras con su propia autoridad.
Se sugiere que, con el tiempo y el crecimiento en la fe, uno puede llegar a un punto en el que, al igual que Jesús, pueda controlar las adversidades.
A la siguiente tormenta la vas a calmar vos con tu autoridad. Y vas a estar en la barca moviéndose y Jesús va a estar ahí durmiendo y tal vez en vez de ir a despertarlo te vas a parar y decir, tormenta, te calmas ahora, nube, te callas ahora, viento, te quedas quieto.
Se enfatiza que la fe desarrollada permite no solo superar las tormentas, sino también commandarlas.