Se critica la desconexión de Javier Milei con la realidad del ciudadano común, ejemplificada en su hábito de cortar la avenida Lugones para ir a Olivos.
Se argumenta que esta actitud de "individualismo" y falta de empatía impide a Milei sensibilizarse ante las dificultades de quienes trabajan y tienen ingresos cada vez menores.
Se señala que el silencio del presidente ante estas situaciones es "envidiable" en el sentido de que no se inmuta ante el sufrimiento ajeno.