Se plantea que la "guerra es cultural" y que es necesario dar la batalla en ese ámbito, destacando la vitalidad de los teatros y recitales como espacios de expresión y encuentro.
Se menciona la importancia de las movilizaciones como las del 24 de marzo y "Ni Una Menos", así como la defensa de la universidad pública.
Se reflexiona sobre la necesidad de que las nuevas generaciones comprendan la sociedad de otra manera, a través de la memoria y la participación activa.
Se subraya la idea de que la gente necesita estos espacios de expresión y que la resistencia cultural es fundamental frente a las políticas gubernamentales.