Se relata la historia de Javier Caumont, hijo de crianza de María Rosa Fugazot, quien la consideraba su madre y la acompañó en sus últimos años.
Caumont compartió que Fugazot le enseñó a ser un buen padre para René, su hijo biológico, y que planeaba mudarse a su casa semanas antes de su fallecimiento.
Se menciona una carta de despedida de Fugazot a Caumont, expresando su amor y el deseo de que él la recordara con cariño.