Las autoridades chilenas desarticularon la mayor operación de tráfico de drogas de la historia del país, interceptando más de 100 toneladas de clorhidrato de cocaína y ketamina impregnadas en 1080 toneladas de madera procedente de Bolivia. El decomiso se realizó simultáneamente en los puertos de Arica, Valparaíso y San Antonio.
La droga estaba oculta mediante impregnación química en contenedores de madera, representando un 10 a 20% de sustancias ilícitas en su composición. La operación afectó a los principales nodos de salida de mercancías del Pacífico chileno.