Nicolás, hijo del dueño de Malibú, Marcelo, insiste en que el local es un bar nocturno y que la clausura se debió a un trámite de habilitación pendiente. Aclara que él maneja los papeles del negocio.
Se le informa que están llegando mensajes de personas que trabajaron allí y cuentan una versión diferente, sugiriendo que la situación es más grave de lo que él describe. Se le pregunta si su padre vive arriba del bar, a lo que responde negativamente, indicando que tiene un departamento al fondo del edificio.