El hígado graso es una condición en aumento, afectando no solo a adultos sino también a niños y jóvenes. Esta patología está directamente relacionada con la obesidad, el colesterol elevado, la diabetes y los triglicéridos altos, factores que pueden modificarse con un estilo de vida más saludable.
El sedentarismo y el aumento de peso a nivel mundial contribuyen a la prevalencia de esta enfermedad hepática. Aunque es la más habitual, su avance puede deteriorar la función del hígado, por lo que es crucial controlarla.
Se desaconsejan las "dietas detox" y se recomiendan medidas generales como minimizar hidratos de carbono simples, priorizar grasas insaturadas (aceite de oliva), mantener bajas las grasas saturadas y trans, evitar ultraprocesados, preferir carnes magras, mantener un peso saludable y limitar el consumo de alcohol. Es fundamental tomar abundante agua.