Se cuestiona la efectividad de la evangelización sin oración, recordando que los discípulos fueron perseguidos al predicar y recurrieron al aposento alto al ser encarcelados.
Se enfatiza que la batalla es espiritual y requiere recursos espirituales, no humanos. El aposento alto es el lugar donde se obtienen estos recursos.
Se señala la conexión entre el aposento alto y la iglesia en las calles, y cómo los apóstoles siempre volvían a orar juntos, lo que fortalecía su ministerio.
Se advierte sobre el error de enfatizar la evangelización a expensas del aposento alto, ya que un creyente encendido en la presencia de Dios es el que puede alumbrar a otros.