Se explica que el pecado tiene el poder de hacer impuro a todo el pueblo y alejar la presencia de Dios, comparándolo con la lepra que obligaba a expulsar al enfermo del campamento.
El pecado en la vida de una persona hace que Dios sea ausente y vuelve impuro el hogar, el ministerio o el púlpito. Dios no puede estar en un lugar donde el pecado es tolerado.
Se resalta que para tener la presencia de Dios y su bendición, es necesario deshacerse del pecado. Los hombres compulsivos de pecado no pueden comulgar con el Señor.
Se concluye que si se desea una iglesia bendecida, los líderes y miembros deben estar a cuenta con el Señor y arreglar sus cuentas con Él.