Se reflexiona sobre el ego artístico de los músicos, incluyendo a Andrés Calamaro, y cómo este puede influir en sus relaciones y decisiones profesionales. Se menciona que, como todos los artistas, han tenido etapas buenas y malas.
Se hace referencia a la relación de Calamaro con "Moyo" y se sugiere que, al irse o dejar ciertas cosas de lado, las perspectivas pueden cambiar. Se deja entrever que existen complejas dinámicas detrás de las colaboraciones y amistades en el mundo de la música.