Se refuerza la hipótesis de que la desaparición de Luciana no fue un acto espontáneo, sino que involucra una organización y ayuda externa, dada la logística para borrar rastros como el teléfono y las redes sociales.
Se descarta la posibilidad de que una adolescente de 15 años pueda orquestar su propia desaparición de esta magnitud por sí sola.
Se considera que la persona o personas involucradas tienen conocimiento y experiencia en este tipo de acciones, lo que agrava la situación y la preocupación por el paradero de Luciana.