La historia de Candela, marcada por la separación de sus padres a los tres años, un intento de abuso a los 13 y posteriores adicciones a drogas y alcohol, fue presentada como un testimonio de superación a través de la fe.
Candela relató cómo la tristeza y el resentimiento derivados de la separación de sus padres la llevaron a una infancia infeliz. Tras el intento de abuso por parte de la pareja de su madre, su adolescencia se tornó más oscura, desembocando en intentos de suicidio y el inicio en el consumo de sustancias.
La joven también compartió su experiencia con relaciones sentimentales fallidas, un aborto espontáneo y su incursión en la prostitución, a la que inicialmente vio como una salida fácil para obtener dinero. Sin embargo, esta etapa la dejó sintiéndose vacía y sucia, hasta que un versículo bíblico la impulsó a buscar un cambio.
Finalmente, Candela encontró un nuevo camino al priorizar a Dios, lo que implicó renunciar a relaciones y hábitos perjudiciales. A través del bautismo en el Espíritu Santo, experimentó una transformación profunda, encontrando paz y felicidad, y dedicándose ahora a ayudar a otros en situaciones similares.