La investigación sobre la desaparición de Luciana se centra en el análisis de su teléfono celular, con el objetivo de obtener información a través de su geolocalización y actividad en redes sociales. Expertos en cibercrimen explican que, si bien es posible manipular o apagar un teléfono, este siempre deja rastros que pueden ser recuperados.
Se analiza la posibilidad de que el teléfono de Luciana haya sido apagado o puesto en modo avión, lo que dificultaría su rastreo. Sin embargo, se destaca que incluso borrando información, esta puede ser recuperada mediante copias espejo del dispositivo, permitiendo reconstruir la actividad del usuario.
El caso de Luciana se diferencia del de Agostina, donde se sospecha de un modus operandi sexual y un plan premeditado por parte del agresor. En contraste, la desaparición de Luciana ocurre en una localidad más pequeña, con menos cámaras de seguridad y recursos tecnológicos, lo que plantea desafíos distintos para los investigadores.