Se relata el procedimiento policial en la casa de Barrelier. Osvaldo Faceta, tras ser citado en un ámbito privado, facilitó la entrada a la vivienda, que luego resultó ser un allanamiento sin orden judicial.
Dentro de la casa, se entrevistó a Marianela con la menor y se revisó el domicilio, no encontrando rastros de sangre, olores o desorden. Se cuestiona la legalidad del procedimiento y la posible contaminación de la escena del crimen.
Se menciona que Ariel, el remisero, fue clave al contar la historia, y se destaca que Faceta había invertido dinero en el kiosco donde trabajaba, con una relación previa con la mujer del lugar.