Se reportaron olas de nueve metros en una zona costera, generando alarma en la población. Un avión tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia debido a una ráfaga de viento, y otras aeronaves en tierra fueron guardadas en hangares para evitar daños.
El Servicio Meteorológico advirtió que las condiciones extremas podrían persistir, representando riesgos para la navegación y la seguridad de los habitantes. Ante esta situación, Nueva Zelanda ha declarado un estado de emergencia importante.