Se rememora el tenso momento previo a la apertura del velatorio del Indio Solari, cuando cientos de personas habían acampado durante la noche. Existía la preocupación de que un pequeño grupo pudiera generar disturbios, pero la situación se disipó con la llegada de familias.
Se destaca que, a partir de ese momento, el ingreso de público transcurrió sin problemas, permitiendo que miles de personas pudieran despedir al ídolo. La organización, montada ante la imposibilidad de realizar el evento en otros lugares, demostró ser efectiva en contener a la multitud.
Se reflexiona sobre la importancia de la presencia institucional en eventos de esta magnitud, señalando que un velatorio en el Congreso de la Nación podría haber brindado un marco más formal. Sin embargo, se concluye que la opción de Villa Domínico, aunque improvisada, se ajustó mejor a la filosofía del Indio Solari y a la forma en que lo seguían sus fanáticos.