Se enfatiza que para recibir las promesas de Dios, no basta con creer que son nuestras, sino que es necesario tomarlas activamente a través de la fe. Se cita Deuteronomio 1:8, donde Dios entrega la tierra prometida al pueblo, pero ellos deben tomar posesión de ella.
La incredulidad impidió que la generación que salió de Egipto tomara posesión de toda la tierra prometida, llevándolos a dar vueltas en el desierto durante 38 años. Se advierte que la incredulidad es el peor pecado, ya que impide poseer lo que Dios promete. La fe es presentada como el medio para tomar posesión de las bendiciones divinas, y se recuerda que Jesús realizaba milagros solo a aquellos que se acercaban a él con fe.